EL ESPEJO DEL COFRE. Anónimo chino.

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Foto: Aitor Rosás.

A la vuelta de un viaje de negocios, un hombre compró en la ciudad un espejo. No sabía lo que era, hasta entonces nunca había visto uno. Precisamente esa ignorancia le hizo sentir atracción hacia ese espejo.  Creyó reconocer en él la cara de su padre. Maravillado lo compró y, sin decir nada a su mujer, lo guardó en un cofre que tenían en el desván de la casa. De tanto en tanto, cuando se sentía triste y solitario, iba a “ver a su padre”. Pero su esposa lo encontraba muy afectado cada vez que lo veía volver del desván. Así que un día se dedicó a espiarlo y comprobó que había algo en el cofre, que se quedaba mucho tiempo mirando dentro de él. Cuando el marido se fue a trabajar, la mujer abrió el cofre y vió en él a una mujer cuyos rasgos le resultaban familiares pero no lograba saber de quién se trataba. De ahí surgió una gran pelea matrimonial, pues la esposa decía que dentro del cofre había una mujer, y el marido aseguraba que quien estaba era su padre. En ese momento pasó por allá un monje  muy venerado por la comunidad, y al verlos discutir quiso ayudarlos a poner paz en su hogar. Los esposos le explicaron el dilema y lo invitaron a subir al desván y mirar dentro del cofre. Así lo hizo el monje y, ante la sorpresa del matrimonio, este les aseguró que en el fondo del cofre quien realmente reposaba era un monje zen.

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