Cuento de los aborígenes australianos.

National Geografic.

Los aborígenes de una aldea australiana tenían sus corazones tan endurecidos que no hacían ni caso a Kubu, un chico huérfano y mudo que vagaba mendigando. Así es que Kubu se encaramaba a los árboles, sus únicos amigos, desde donde veía el horizonte teñirse de colores hermosos y así olvidaba el hambre y la sed.
Un buen día todos se fueron de caza, pero antes escondieron sus provisiones, y sobre todo el agua, para que el huérfano no pudiera quitársela. Pero cuando Kubu se quedó solo en la aldea, un árbol comenzó a mover sus ramas de forma extraña. Kubu entendió su lenguaje y se aproximó hasta el tronco, donde descubrió el escondite secreto de los aldeanos. Se dio un buen festín y después se subió al árbol.
Cuando regresaron los aborígenes se pusieron tan furiosos que treparon hasta el huérfano y le lanzaron al vacío y cuando Kubu despertó estaba en el suelo rodeado de rostros expectantes. No entendía por qué le miraban así, hasta que se dio cuenta de que su cuerpo estaba cubierto de pelo y de que se había convertido en un pequeño oso. El espíritu de los árboles le dio el don de ser el único animal que no necesita agua para vivir. Y por eso se le llama koala: “el que no necesita agua”.

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