EL NIÑO QUE ERA AMIGO DEL DEMONIO. Ana María Matute.

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Todo el mundo, en el colegio, en la casa, en la calle, le decía cosas crueles y feas del demonio, y él le vio en el infierno de su libro de doctrina, lleno de fuego, con cuernos y rabo ardiendo, con cara triste y solitaria, sentado en la caldera.

“Pobre demonio -pensó-, es como los judíos, que todo el mundo les echa de su tierra”. Y, desde entonces, todas las noches decía: “Guapo, hermoso, amigo mío” al demonio. La madre, que le oyó, se santiguó y encendió la luz: “Ah, niño tonto, ¿tú no sabes quién es el demonio?”. “Sí -dijo él-: sí: el demonio tienta a los malos, a los crueles. Pero yo, como soy amigo suyo, seré bueno siempre, y me dejará ir tranquilo al cielo”.

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Eso es lo que significa. Philip Kapleau, ” El despertar del Zen”

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El pianista Vladimir Horowitz cuenta sobre una vez que tocó una composición contemporánea disonante para un auditorio privado. Cuando hubo terminado, alquien le preguntó:

– No logro entender el sentido de esta composición, Mr. Horowitz. ¿Podría explicarlo, por favor?

Sin proferir una palabra, Horowitz tocó de nuevo la composición mientras miraba a quien había hecho la pregunta y le decía:

– ¡Eso es lo que significa!

VOLAR. Anónimo.

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Vuelo de pájaros. Joan Miró.

Había una vez un rey muy caprichoso que tenia una hija muy hermosa y buena. Quería casarla, aunque puso una condición algo absurda. Estableció que seria elegido aquel hombre que fuera capaz de hacer volar un halcón que desde hace un tiempo estaba posado en una rama.

Y nadie, absolutamente nadie hasta el presente había logrado hacerlo. Una cantidad de personajes aparecieron en el palacio y con distintas mañas intentaron que el pájaro volara, sin embargo ninguno lo consiguió.

Cuentan que una mañana el rey se levanto y vio volando al halcón por su jardín. Su hija ya tenia pretendiente y cuando lo mandó llamar le pregunto como había hecho semejante milagro. Cuando estuvo frente al campesino le dijo:

– ¿Tú hiciste volar al halcón?
– ¿Como lo hiciste?
– ¿Eres mago, acaso?

Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explico:

– No fue difícil, Su Alteza.
– Solo corté la rama.
– Entonces el halcón se dio cuenta que tenía alas y simplemente se largó a volar.

LA CONFESIÓN.Manuel Peyrou.

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                                             Nebulosa de Carina. Observatorio Europeo Austral (ESO)

En la primavera de 1232, cerca de Aviñón, el caballero Gontran D’Orville mató por la espalda al odiado conde Geoffroy, señor del lugar. Inmediatamente confesó que había vengado una ofensa, pues su mujer lo engañaba con el Conde.

Lo sentenciaron a morir decapitado, y diez minutos antes de la ejecución le permitieron recibir a su mujer, en la celda.

-¿Por qué mentiste? -preguntó Giselle D’Orville-. ¿Por qué me llenas de vergüenza?

-Porque soy débil -repuso-. De este modo simplemente me cortarán la cabeza. Si hubiera confesado que lo maté porque era un tirano, primero me torturarían.

EL SAMURAI Y LOS TRES GATOS. Anónimo Japonés.

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Un samurai tenia problemas a causa de un raton que habia decidido compartir su habitacion. Alguien le dijo: Necesitas un gato. Busco uno en el vecindario y lo encontro: era un gato impresionante, hermoso y fuerte. Pero el raton era mas listo que el gato y se burlaba de su fuerza.

El samurai adopto un segundo gato, muy astuto. Desconfiado, el raton solo aparecia cuando aquel se dormia.

Entonces le trajeron al samurai el gato de un templo zen.

Tenia aspecto distraido, era mediocre y parecia siempre soñoliento. El samurai penso: no sera este el que me librara del raton.

Sin embargo, el gato, siempre soñoliento e indiferente, pronto dejo de inspirar precauciones al raton, que pasaba junto a el sin apenas hacerle caso. Un dia, subitamente, de un zarpazo, lo atrapo.

UN MILAGRO. LLorenç Villalonga.

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Foto: National Geographic.

Le habían asegurado que la Sagrada Imagen retornaría el movimiento al brazo paralizado y la señora tenía mucha fe. ¡Lo que consigue la fe! La señora entró temblando en la misteriosa cueva y fue tan intensa su emoción que enmudeció para siempre. Del brazo no curó porque era incurable.

La seguridad de la ostra. Joost Scharrenberg.

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Foto: Anónima.

Una ostra estaba muy orgullosa de su caparazón. Le decía a un pez:

– El mío es un castillo muy fuerte.
– Cuando lo cierro, nadie puede hacer más que apuntarme con el dedo.

Así, mientras estaban hablando, se sintió un chapoteo. El pez huyó rápidamente, mientras que ella se encerró en su envoltorio. Pasó un buen rato y la ostra empezó a preguntarse qué había sucedido. Como todo parecía muy tranquilo, abrió sus valvas para indagar y notó que ya no se hallaba en su medio habitual.

Efectivamente, estaba junto a una gran cantidad de ostras, en un puesto de mercado, debajo de un cartel que decía:

– 4,50 la docena