Eso es lo que significa. Philip Kapleau, ” El despertar del Zen”

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El pianista Vladimir Horowitz cuenta sobre una vez que tocó una composición contemporánea disonante para un auditorio privado. Cuando hubo terminado, alquien le preguntó:

– No logro entender el sentido de esta composición, Mr. Horowitz. ¿Podría explicarlo, por favor?

Sin proferir una palabra, Horowitz tocó de nuevo la composición mientras miraba a quien había hecho la pregunta y le decía:

– ¡Eso es lo que significa!

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LA MANZANA – Ana María Shua.

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                                                     La Chambre d’Écoute. René Magritte.

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

LOS RELOJES. Ana María Matute.

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Me avergüenza confesar que hasta hace muy poco no he comprendido el reloj.  No me refiero a su engranaje interior- ni la radio, ni el teléfono,ni los discos de gramófono los comprendo aún: para mí son magia pura por más que me los expliquen innumerables veces-, si no a la cifra resultante de la posición de sus agujas. Estas han sido para mí uno de los mayores y más fascinantes misterios, y aún me atrevo a decir que lo son en muchas ocasiones. si me preguntan de improviso que hora es y debo mirar un reloj rapidamente, creo que en muy contadas ocasiones responderé con acierto. Sin embargo, si algo deseo de verdad, es tener un reloj. Nunca en mi vida lo he tenido. De niña nunca lo pedí, porque siempre lo consideré, algo fuera de mi alcance, más alla de mi comprensión y de mi ciencia. Me gustaban, eso sí. Recuerdo un reloj alto, de carrillón, que daba las horas lentamente, precedidas de una tonada popular:

Ya de van los pastores a la Expremadura.

Ya se queda la sierra triste y oscura…

También me gustaba un reloj de sol, pintado en la fachada de una iglesia, en el campo. Este reloj me parecía tan cabalístico y extraño que, a veces, tumbada bajo los chopos, junto al rio, pasaba horas mirando como la sombra de la barrita de hierro indicaba el paso del tiempo. Esto me angustiaba y me hundía, a la vez, en una infinita pereza.

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EL PEQUEÑO SABIO. Cuento popular árabe.

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Cuatro mercaderes muy amigos, en una racha de buena fortuna, consiguieron vender el total de sus mercancías en una sola jornada  y para celebrarlo decidieron resfrescarse en una casa de baños regentada por una anciana viuda.

Antes de entrar y para evitar malentendidos los cuatros hombres dejaron dicho a la anciana que a no ser que los cuatro estuvieran presentes no les entregase el dinero, así evitarían robos entre ellos. La anciana accedió.

Sucedio que mientras se bañaban se dieron cuenta que faltaba el jabón y uno de ellos decidió salir a pedírselo a la anciana.

– Vengo de parte de mis compañeros para que me de el dinero- dijo el pícaro a la pobre anciana.

– Eso no puede ser, no puedo daros el dinero hasta que los cuatro esteis presentes y de mutuo acuerdo.

El mercader se acerco a la puerta de los baños y grito a sus compañeros:

– La vieja no quiere dármelo si vosotros no me dais permiso…así que gritadlo para que se oiga…

-Si vieja dáselo, dáselo y pronto !!- contestaron los tres mercaderes que creían que hablaban del jabón.

La anciana  confundida le entregó el dinero al pícaro que escapo de allí como alma que se lleva el diablo.

Al salir del baño y entender lo sucedido los tres mercaderes estafados y enfadados decidieron culpar a la anciana del robo y llevarla a juicio para meterla en prisión.

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LEYENDA CHINA.

url Foto: Inclán-Pi.

Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.

EL ASTRÓNOMO. Esopo.

Vincent Van Gogh.

Tenía un astrónomo la costumbre de pasear todas las noches estudiando los astros. Un día que vagaba por las afueras de la ciudad, absorto en la contemplación del cielo, cayó en un pozo. Estando lamentándose y dando voces, acertó a pasar un hombre, que oyendo sus lamentos se le acercó para saber su motivo; y enterado de lo sucedido, dijo: «¡Amigo mío! ¿Quieres ver lo que hay en el cielo y no ves lo que hay en la tierra?».

LA SENTENCIA. Wu Ch’eng-en (c. 1505-c. 1580)

Aquella noche, en la hora de la rata, el emperador soñó que había salido de su palacio y que en la oscuridad caminaba por el jardín, bajo los árboles en flor. Algo se arrodilló a sus pies y le pidió amparo. El emperador accedió; el suplicante dijo que era un dragón y que los astros le habían revelado que al día siguiente, antes de la caída de la noche, Wei Cheng, ministro del emperador, le cortaría la cabeza. En el sueño, el emperador juró protegerlo. Al despertarse, el emperador preguntó por Wei Cheng. Le dijeron que no estaba en el palacio; el emperador lo mandó buscar y lo tuvo atareado el día entero, para que no matara al dragón, y hacia el atardecer le propuso que jugaran al ajedrez. La partida era larga, el ministro estaba cansado y se quedó dormido.Un estruendo conmovió la tierra. Poco después irrumpieron dos capitanes que traían una inmensa cabeza de dragón empapada en sangre. La arrojaron a los pies del emperador y gritaron:-Cayó del cielo.Wei Cheng, que había despertado, lo miró con perplejidad y observó:-Que raro, yo soñé que mataba a un dragón así.