UN POLLO DE TRES KILOS. 101 cuentos clásicos de la India – Ramiro A. Calle

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He aquí que un hombre entró en una pollería.

Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:

– Tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo.
– ¿Cuánto pesa éste?

El pollero repuso:
– Dos kilos, señor.

El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:
– Éste no me vale entonces.
– Sin duda, necesito uno más grande.

Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:
– No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.

Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:
– Éste es mayor, señor.
– Espero que sea de su agrado.

– ¿Cuánto pesa éste? – preguntó el cliente.
– Tres kilos – contestó el pollero sin dudarlo un instante.

Y entonces el cliente dijo:
– Bueno, me quedo con los dos.

VENTANA SOBRE LA PALABRA. Eduardo Galeano.

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                                                                     Foto: Anónima.

Magda recorta Palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajas. En cajas rojas guarda las palabras furiosas. En caja verde, las palabras amantes. En caja azul, las neutrales. En caja amarilla, las tristes. Y en caja transparente guarda las palabras que tienen magia. A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieran. Entonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá.

MIRAME A LOS OJOS. Paloma Diez Temprano. Finalista l cocurso de microrelatos Entrelineas. Cadena Ser.

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Casi todos los días coincidimos. Nos sincronizamos bastante bien para no conocernos. Cuando le veo aparecer en el andén disimulo todo lo que puedo. A veces pienso que se me oye el corazón. Noto su mirada: profunda, esperanzadora. Me imagino mil situaciones con él durante el trayecto. Siempre se baja en Gran Vía. Yo continúo un poco más. Hoy vamos de pie. Se acerca a mí. No puedo respirar. Justo en el momento que se abren las puertas me susurra “mírame a los ojos”. Soy incapaz. Hubiera adivinado lo de mi vuelta: amo a otro, sin querer, desde Tribunal.

EL CONTRABANDISTA. Anónimo indú.

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                                                         Himalaya. Foto: Javier (Bicicleting).

Todos sabían que era indiscutiblemente un contrabandista. Era incluso célebre por ello. Pero nadie había logrado jamás descubrirlo y mucho menos demostrarlo. Con frecuencia, cruzaba de la India a Pakistán a lomos de su burro, y los guardias, aun sospechando que contrabandeaba, no lograban obtener ninguna prueba de ello.

Transcurrieron los años, y el contrabandista, ya entrado en edad, se retiró a vivir apaciblemente a un pueblo de la India. Un día, uno de los guardias que acertó a pasar por allí se lo encontró y le dijo:

—Yo he dejado de ser guardia y tú de ser contrabandista. Quiero pedirte un favor. Dime ahora, amigo, qué contrabandeabas.

Y el hombre repuso:

—Burros.

DER TRAUM EIN LEBEN.Francisco Acevedo, Memorias de un bibliotecario.

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                                                                             Foto: Jose A. Gallego

El diálogo ocurrió en Adrogué. Mi sobrino Miguel, que tendría cinco o seis años, estaba sentado en el suelo,
jugando con la gata. Como todas las mañanas, le pregunté:
-¿Qué soñaste anoche?
Me contestó:
-Soñé que me había perdido en un bosque y que al fin encontré una casita de madera. Se abrió la puerta y
saliste vos. -Con súbita curiosidad me preguntó: -Decime, ¿qué estabas haciendo en esa casita?

AMOR CIEGO. Rosa Montero

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Tengo cuarenta años, soy muy fea y estoy casada con un ciego.

Supongo que algunos se reirán al leer esto; no sé por qué, pero la fealdad en la mujer suele despertar gran chirigota. A otros la frase les parecerá incluso romántica: tal vez les traiga memorias de la infancia, de cuando los cuentos nos hablaban de la hermosura oculta de las almas. Y así, los sapos se convertían en príncipes al calor de nuestros besos, la Bella se enamoraba de la Bestia, el Patito Feo guardaba en su interior un deslumbrante cisne y hasta el monstruo del doctor Frankenstein era apreciado en toda su dulce humanidad por el invidente que no se asustaba de su aspecto. La ceguera, en fin, podía ser la llave hacia la auténtica belleza: sin ver, Homero veía más que los demás mortales. Y yo, fea de solemnidad, horrorosa del todo, podría haber encontrado en mi marido ciego al hombre sustancial capaz de adorar mis virtudes profundas.

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EL REFLEJO. Oscar Wilde.

 

 

reflejoFoto: Anónima.

 

Cuando murió Narciso las flores de los campos quedaron desoladas y solicitaron al río gotas de agua para llorarlo.

– Oh! – les respondió el río – aun cuando todas mis gotas de agua se convirtieran en lágrimas,no tendría suficientes para llorar yo mismo a Narciso : yo lo amaba.

– Oh! – prosiguieron las flores de los campos.

– ¿ Cómo no ibas a amar a Narciso ?

– Era hermoso.

– ¿ Era hermoso ? – preguntó el río.

– ¿ Y quién mejor que tú para saberlo ? –  dijeron las flores.

Todos los días se inclinaba sobre tu ribazo,contemplaba en tus aguas su belleza.

– Si yo lo amaba – respondió el río – es porqué, cuando se inclinaba sobre mí, veía yo en sus ojos el reflejo de mis aguas.